miércoles, 5 de octubre de 2011

Oscar Santafe. Tipleando por la vida (Primera Parte).

Oscar Santafé 

Emocionado, en silencio, Pedro Nel Santafé escucha a sus dos hijos dar su primera serenata juntos, Carlos en la guitarra y Oscar al tiple, ejecutan para su padre el repertorio que pocos días atrás les enseñara Néstor Gamboa, “un personaje de estirpe campesina que termina enredado en el asunto de una ciudad pequeña:” Pamplona (Norte de Santander), “sobreviviendo de cualquier cosa […] Trabajando con unos amigos en el sector de la construcción” como lo describe Oscar Santafé años después mientras canta la primera canción que aprendió con él:


Cuando escuches este vals
Haz un  recuerdo de mi
Piensa en versos de amor
Que me diste y que te di...

“Me acuerdo mucho de ese vals: Cuando cantes este vals;  creo que así se llama la canción  ─recuerda Oscar─. (Me acuerdo) sobretodo porque esa fue la primera serenata que di en mi vida: le canté a mi papá cuando tenía seis años […] Eso fue muy emocionante; me acuerdo mucho del  momento, de ver a mi papá con la lágrima en el ojo al vernos tocar y cantar… eso lo enamora a una cada vez más”.

Pamplona, una familia.
En el noroccidente de Colombia, más precisamente en el departamento de Norte de Santander, se encuentra Pamplona (nombre dado por el español Pedro de Ursúa en homenaje a su patria en el otro lado del Atlántico), municipio que se destaca por su tradición cultural y por ser la cuna de músicos importantes para el panorama de la música andina colombiana como: Oriol Rangel, Bonifacio Bautista o Rodrigo Mantilla. En ese municipio nació el 12 de diciembre de 1968 Oscar Orlando Santafé Villamizar, el segundo hijo de Pedro Nel Santafé y Ana Ilba Villamizar.

A principio del siglo XX, Rafael Santafé ─abuelo de Oscar─ ejercía como cantor de iglesia en Pamplona, oficio  “que en la época tenía alguna prestancia”. Sin embargo, Rafael fue trasladado por orden de la curia como cantor de iglesia al municipio de Gramalote. En Gramalote nació Pedro Nel Santafé junto con sus tres hermanos. Rafael (hijo), se inclinaría por la música pero nunca de manera profesional. “Sin embargo, mi tío Rafael fue director coral, compositor…”, cuenta Oscar. De otro lado, Ana Ilba y Rosa Villamizar, la primera a la guitarra y la segunda en el tiple, conformaban un dueto vocal instrumental en donde cantaban y tocaban el  repertorio de mediados de siglo. Todo ese ambiente familiar permitió que Oscar estuviera desde muy pequeño en contacto con la música.

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A los niños hay que ponerlos a estudiar algo, dijo Rafael (hijo) a Pedro, cuando vio a sus sobrinos creciendo y sin instrucción musical alguna. Pedro Nel acogió la recomendación de Rafael y llama a Néstor Gamboa, ayudante de construcción que en sus tiempos libres daba serenatas. En la casa de Pedro Nel había una guitarra y un tiple que usaban su esposa y su cuñada para acompañarse. “Yo soy tiplista y me reconozco como tal, pero eso es una accidente de la vida ─cuenta Oscar─. Nos trajeron un profesor ─continua─ y mi hermano saltó de primero y se cogió la guitarra como a mi mamá, entonces a mi tocó el tiple como a mi tía”. Con seis años Oscar empieza sus primeras clases de tiple. “Él (Néstor Gamboa) nos enseñaba canciones, para desde las canciones, enseñarnos a manejar el instrumento de una manera armónica básica”, dice Oscar. Días después Oscar compuso un vallenato que le dedicó a su mamá y lentamente se fue enamorando de este instrumento.

Con su madre y su padre cantando en los coros de Pamplona, que en ocasiones dirigía su tío Rafael; o en las reuniones familiares en donde fácilmente podrían estar 30 familias, Oscar empezó a cultivar su amor por la música y sobre todo por el tiple. “Yo me la pasaba de concierto en concierto, de tertulia en tertulia […] Con los hijos de las familias también jugábamos, pero también cantábamos, pero también tocábamos. A mi tío le dio una vez por hacer coros infantiles y allí fuimos a parar todos”, cuenta Oscar.

Oscar continuaba sus clases con Néstor aprendiendo todo el repertorio tradicional: “Las Acacias o los temas de Jorge Villamil”, entre otros. Néstor Gamboa, al ver los resultados obtenidos como profesor de Carlos y de Oscar, decide inscribirse a estudiar una licenciatura en artes con énfasis en música. Tiempo después se convirtió en profesor de música de uno de los colegios de Pamplona y hoy es profesor jubilado.

Seminario menor.
Jorge Gamboa llega con una nueva letra; Oscar la ve y empieza a ponerle música; luego, emulando a Mercedes Sosa, los dos cantan la canción con la que piensan “enamorar a las chicas del barrio”. Hoy Oscar recuerda esos días de colegio en el Seminario Menor Santo Tomás de Aquino y concluye: “Soy un enamorado de Mercedes Sosa, de todo el movimiento musical detrás de ella; hacíamos (Jorge y él) canciones muy por el estilo y nos reconocíamos con el izquierdismo… Imagínese, nosotros en un seminario y en esas”.

Pamplona es reconocida como la ciudad estudiantil del oriente colombiano y dentro de sus instituciones más notables está el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino. Esta institución ofrecía ─y ofrece─ una formación académica para niños y jóvenes “en los valores del evangelio, la vida y la paz” en un seminario menor que coordinaba junto con el seminario mayor. Allí estudió Oscar. Experiencia importante para su vida artística pues allí aprendió a tocar guitarra, batería y fue monitor de los coros que en ese entonces dirigía Luis Eduardo Serrano. “Éramos un grupo de niños, de jóvenes cantores que cantábamos canciones de Mocedades […] Era de los chicos que tenía la voz más aguda, entonces siempre hacía las primeras voces”, cuenta Oscar.

Sus inquietudes artísticas lo llevaron a Mercedes Sosa y todo el movimiento que se desprendía de sus canciones. Junto con Jorge Gamboa, uno de sus mejores amigos de infancia, hacían canciones: Jorge hacía las letras y Oscar la música; canciones que tocaban en los festivales de la canción que se organizaban en su barrio o en el seminario. “Componíamos canciones muy bonitas ─cuenta Oscar─, desgraciadamente la mayoría de ellas se me perdieron, tanto de lo escrito como de la memoria”.

En 1985 Oscar termina el seminario y empieza una nueva etapa en su vida.

Expresión musical.
Era su primer día de clases. Luego de dar unos pocos pasos dentro de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Oscar ve que alguien lo saluda; frente a él está “Mincho”, cantante, guitarrista, rockero y amigo de Pamplona.
─ ¿Qué hubo… usted qué hace aquí? ─pregunta “Mincho”.
Oscar estaba allí para estudiar Ingeniería Industrial. Estaba allí para estar lejos de su familia, de Pamplona… para tener su propio espacio.
─Me vine a estudiar…─ intenta responder Oscar cuando “Mincho” le dice:
─Usted que canta y toca el tiple… Nosotros tenemos un grupo estudiantil que se llama Expresión Musical. Lo invito a que se integre.
“Hasta ahí llegó la Ingeniería”, afirma Oscar.

Cuando Oscar acaba el seminario su único anhelo es estar lejos de Pamplona. Su hermano está en Cúcuta y Pamplona tiene una de las mejores universidades de la región: La Universidad de Pamplona, pero la desazón social del momento le dicta que tiene que irse: lejos. “La verdad, mi visión de la vaina era separarme de la familia, como fuera; yo no quería tíos, no quería hermanos, yo quería estar solo”, cuenta Oscar. Pasa entonces su solicitud para estudiar sistemas en Cúcuta o ingeniería industrial en la UIS;, los resultaros fueron buenos y Oscar pasó a las dos pero escogió ingeniería, “no porque me gustara la ingeniera industrial sino porque quería salir corriendo”, dice Oscar.

En la UIS Oscar se une a Expresión Musical, un grupo coral instrumental de más o menos unas 35 personas que era coordinado por estudiantes. Era el año de 1986 y mientras Oscar “renegaba” de la ingeniería industrial iba aprendiendo más y más cosas de música con los integrantes de este grupo. “Julio César, que era el percusionista, se sentó a enseñarme percusión tradicional; aprendí un poco de orquestación, si a eso se le puede llamar orquestación, pues era más la manera cómo ellos hacían los arreglos; el manejo de otros instrumentos como la bandola, la guitarra ya un poco más enserio y por supuesto seguir el desarrollo de la idea del tiple”, cuenta Oscar.

No sólo aprendió de música, allí se dio cuenta que no era el único pamplones: había otros. Allí conoció a John Jairo Claro, con el cual empezarían una amistad que hasta hoy se mantiene. Pero por encima de todo esto, Oscar se convenció de que lo suyo era la música.

En Pamplona la vida seguía, Rafael seguía con sus labores musicales y Pedro Nel, junto con su esposa participaban de los coros. Un día de 1987 ─fecha no especificada por Oscar─ Pedro supo que su hijo iría a Pamplona a ofrecer un concierto con Expresión Musical, un grupo de la universidad. En primera fila, se ubicaron Pedro Nel y Ana Ilba, detrás del escenario Julio César, que había asumido la dirección del grupo y que tenía a Oscar como director adjunto, le dice: “prepárese que usted dirige la primera parte”. En escena aparece Oscar como director, abajo, dentro del público, Pedro Nel observa a su hijo como ese día cuando dio su primera serenata.

De vuelta a Bucaramanga Oscar se entera que la UIS abrirá la facultad de música y los integrantes de Expresiones son los primeros llamados a ingresar a esta carrera. “Yo no sé si mi papá, que me patrocinaba las loquinas, lo intuyó, pero en el segundo semestre del 88 ya le dije yo: en la ingeniería me está yendo mal a pesar de que estudió, no me rinde  y la verdad la música me llama la atención, y me dijo: por qué no dijo antes […] En 1998 uno no dice que se va a estudiar música y en Pamplona menos, a pasar de ser de familia musical”, cuenta Oscar.

Pedro Nel le brinda todo el apoyo a su decisión de estudiar música pero le pone una condición: debe irse a estudiar a Bogotá. “Pase por el proceso de admisión en la (Universidad) Pedagógica ─recomendó Pedro Nel”. Por qué, preguntó Oscar. “Porque en la Pedagógica usted no sólo va a ser músico, porque es que en este país músicos tiplistas, eso no existe. Porque se va a volver profesor y eso es lo que le va a dar de comer más adelante y si se quiere volver un músico prestante, es en Bogotá donde está el círculo de los músicos buenos. Usted no sirve para tocar piano, para tocar Bach…, alcanzó a decirme que yo no me iba a volver director de orquesta, yo era tiplista y por lo tanto era músico colombiano y el movimiento de la música colombiana estaba aquí. "A mi me llamó la atención por dos cosas: por el movimiento musical de Bogotá y porque iba a quedar más lejos […] Expresión Musical se convirtió en el punto de lanzamiento para decidirme a estudiar música”, cuenta Oscar.

Siendo el primero en su familia que decidía estudiar música profesionalmente. Oscar viaja a Bogotá el segundo semestre de 1989. 


Bogotá y el primer estudiante de tiple de la Universidad Pedagógica Nacional. 

Oscar llega a la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) tras haber presentado un excelente examen de admisión. Llega a una universidad que alberga una demanda de músicos, que con su agrupaciones, ya figuraban en el panorama nacional, tal es el caso de Nogal Conjunto de Cuerdas, Nueva Cultura o el naciente Trío Ancestro. Allí Oscar conoce a Enerith Núñez, maestra de tiple que había estado esperando un alumno que se decidiera a estudiar tiple como instrumento principal. “Enerith se sentó muy juiciosa a escribir un programa de educación de tiple como instrumento principal y empezó a aplicarlo conmigo […] la dirección que le dio ella al programa iba a la idea de formar un tiplista solista”, cuenta Oscar.

Oscar estudia con disciplina y en la mitad del semestre Enerith le dice: Oscar, el programa ya se acabó y falta la mitad del semestre. Pues escribe otro, le contesto Oscar.

“Un día llegó Enerith y me dijo: Oscar, están necesitando un tiplista para una agrupación y me llamaron a mi pero yo no tengo tiempo. Yo le dije: listo, porque yo no tenía grupo, yo tocaba con un grupo de la universidad, se llamaba Colombia Siempre […] Y caigo yo, gracias a Enerith, a Pentagrama Latinoamericano”, cuenta Oscar.  

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