lunes, 26 de diciembre de 2011

Perendegue y su más reciente trabajo discográfico.

Cuarteto de bandolas, Perendegue.

El Cuarteto de Bandolas Perendegue, hace por estos días la promoción de su disco Perendegue. Estuvimos con ellos y esto fue lo que nos contaron.

John J. Osorio: ¿Cuál fue el criterio de selección del repertorio del disco?

Manuel Bernal: El criterio fue mostrar el trabajo, es decir, incluir repertorio colombiano, latinoamericano y repertorio académico que es lo que nos ha caracterizado desde el comienzo.

J. J. O ¿Cómo fue el proceso de grabación?

Andrea Molano: Grabamos en el estudio de Patrick Mildemberg, un amigo de Manuel. La idea era grabar al tiempo los cuatro pero en canales distintos para poder arreglar cositas que tuviéramos  que arreglar.  

El proceso duró un mes y medio, más o menos, aunque estuvo interrumpido. Empezamos a grabar en julio...

M. B.: …recién salidos de vacaciones de mitad de año empezamos a grabar. Teníamos un plan de grabación que no alcanzamos a cumplir: fuimos demasiado optimistas. El proceso se vio interrumpido por  mi viaje a Buenos Aires… como dos semanas.

A. M.: Es que en el proceso fueron saliendo problemas que no habíamos previsto: el ruido de la bandola bajo y la bandola alto.

M.B.: Claro, los instrumentos son una cosa en concierto y otra muy distinta en grabación, eso nos demoró muchísimo. Tuvimos que dedicarle muchas horas a cambiar digitaciones sobre la marcha para limpiar muchos ruidos. Especialmente este par de bandolas (bandola bajo y alto) en donde la tensión es mucho menor: son muy ruidosas.

Uno en el escenario no se da cuenta de eso. En donde hay una amplificación como que no es tan grave, pero si tocó hacer hartas cosas; grabar ciertas secciones muchas veces para que quedara para un disco y no para un concierto.

J. J. O. Oriana, hablemos de la experiencia de grabar con una bandola alto. Este es uno de los primeros discos, si no el primero, en donde una bandola alto figura ¿cómo fue esa experiencia?

Oriana Medina: Difícil, como decía Manuel, la experiencia de encontrarse con un instrumento menos tenso…  Yo no sabía que esa bandola sonará tanto. Suena mucho; entonces, si uno levanta un dedo suena mucho y los armónicos que quedan son muchísimos y eso no puede ser. Fue duro, pero también fue empezar usar otras digitaciones y tapar todo el tiempo para que esos armónicos no hicieran estorbo  con la armonía de lo que venía. Fue una experiencia muy chévere... a uno le toca fijarse mejor en las digitaciones.

J. J. O. Oriana, tú crees que el disco brinda la posibilidad de  una mayor difusión de este instrumento que poco se conoce.

O. M.: Claro, tanto la bandola alto como la bajo. Es muy poco lo que se conoce, se conoce la bandola tradicional. Es muy importante lo que Perendengue ha estado haciendo desde hace mucho tiempo: mostrando un cuarteto de bandolas, que cuándo. Y estos instrumentos nuevos (bandola alto y bajo), pero nuevos entre comillas, porque todavía se están haciendo adaptaciones de ellos.

J. J. O. ¿Qué pasó con el lanzamiento del disco que estaba proyectado para este mes de diciembre?

M. B.: Tuvimos un problema con una carta que no debió haberse mandado a un sitio, pero también un problema de comunicación entre la persona que nos hizo la reservación en la sala Otto de Greiff  por parte de Idartes. Ahí hubo un enredo y entonces no se pudo hacer el lanzamiento. Estuvimos una semana buscando sitio pero es que es difícil porque todo en esta época está lleno. Los sitios que estaban desocupados tenían alquileres de dos millones, y quién alcanza. Entonces si no era la segunda semana, ya todo el mundo está en novenas. Era muy complicado pensar en un lanzamiento; en determinado momento ya estaba muy encima la fecha y no habíamos hecho circular la información, no habíamos cancelado el concierto porque estábamos esperando. Entonces llegó un momento en que dijimos: ya no hay caso. Hacemos el lanzamiento el año entrante.

J. J. O. Para cuándo es el lanzamiento y que podremos ver en él.

M. B.: El lanzamiento será la última semana de febrero y tenemos pensado contar la historia del grupo, tener un apoyo audiovisual, algo que vaya contando la historia de los instrumentos, de los integrantes y de los que pasaron por el grupo y el proceso de grabación del disco. No sólo hacer el concierto sino un algo más interactivo.

J. J. O. Jenny, ¿qué proyectos hay a futuro a partir de este disco?

Jenny Alba: Lo más importante es hacer difusión del disco, que lo tenga todo el mundo. Queremos viajar mucho. Yo creo que esa es una de las metas que tenemos porque ahora que estuvimos en Brasil nos dimos cuenta del movimiento que tiene la música popular, y creo que afortunada o desafortunadamente, tiene más salida fuera del país que adentro. Para nosotros es bien importante mostrar el disco afuera. Tener contacto puntual con sitios a los que ya hemos ido como Estados Unidos o Venezuela.

Queremos ir a Europa para mover el disco. La idea es moverlo y que la gente conozca el trabajo. En Colombia también, obviamente hay que hacerlo, pero es más difícil el movimiento aquí; queremos hacerlo, por ejemplo ir a festivales como invitados y mostrar el trabajo. Perendegue es algo histórico para la bandola y para la música que está haciendo. Es importante entonces que esté en las distintas salas y festivales para que la gente conozca y se dé cuenta que hacemos.

J. J. O. Jenny, ¿cómo fue la experiencia de estar en Brasil?

J. A.: Fue buenísimo. La acogida fue muy buena. A la gente le gustó mucho el grupo. La sonoridad de las bandolas; además porque es algo exótico para ellos esa familia de bandolas porque es un instrumento que es parecido desde su forma a el bandolim pero la sonoridad es diferente. El festival al que fuimos fue muy interesante porque tenían un público que siempre iba a escuchar e iba a conocer. Nos fue muy bien con el disco, vendimos una cantidad importante de copias. Los amigos que quedaron allá en Rio de Janeiro… Todo fue a pedir de boca.

Tuvimos unos conciertos bien importantes. Me acuerdo mucho del de Niteroi, en El Teatro Municipal. Ese concierto fue genial, un auditorio divino, muy parecido al Teatro Colón de aquí pero más pequeño: las luces, el sonido, la organización del evento, en fin; una experiencia bien importante y nos fue muy bien. La gente quedó muy contenta con el resultado y el disco se quedó allá. Lo dejamos en un par de disqueras que hay allá. La gente allá lo empezará a escuchar.

Me gustó mucho la experiencia y eso da mucha emoción. Es una satisfacción tener un trabajo discógrafico y hacer un trabajo de proceso tan largo con un grupo y que se vean esos resultados es muy bueno.  


Portada del disco Perendegue
Con el propósito  de desarrollar un proyecto que le diera forma a la idea de una familia de bandolas, nace en 2006 Perendengue. Este grupo "aborda adaptaciones, arreglos y versiones tanto de música académica como de músicas locales de diversas procedencias, en una propuesta interpretativa de música de cámara variada y abierta, llena de contrastes estilísticos: el conjunto del repertorio es una selección de obras que brindan posibilidades interpretativas en función de consolidar la sonoridad innovadora del cuarteto de bandolas”.

Perendengue ha participado en diferentes escenarios dentro de los que se destacan: El Teatro Jorge Eliécer Gaitan, Sala Oriol Rangel del Planetario Distrital, Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Sala Otto de Greiff de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, entre otros.

Perendengue, es un disco que resume todo esta actividad. En él se puede encontrar obras de compositores como: Adolfo Mejía, Jorge Arbeláez, Juan Diego Gómez, Pablo Camacaro, Victor Jara, Aldo Rodríguez Delgado, con adaptaciones en su mayoría de los integrantes del cuarteto.

Para adquirir el disco los interesados pueden escribir a perendengue4@gmail.com o llamar a los teléfonos 312 3864711 ó 314 3983130. También se encuentra disponible en Tango discos de la calle 92. 

Audio.
Esta es una muestra de la totalidad del disco. Cada pista tiene una duración aproximada de 30 segundos.




miércoles, 21 de diciembre de 2011

María Olga Piñeros Lara. Detrás de la artista (Segunda Parte).

Aires Colombianos.
María Olga siempre se ha caracterizado por fijarse metas a corto plazo, así que con Guillermo Gaviria (guitarra) y José Hernández (tiple, y segunda voz) se fijaron hacer un concierto para lanzar el grupo. Unos amigos entusiasmados con la propuesta les prestaron el local donde tenían un café. “Se llamaba El Rincón Tahino, eso se lleno… Eso fue la locura”, recuerda María Olga.

Aires Colombianos rápidamente se difundió por la comunidad latina en Nueva York. En ese entonces, la música popular colombiana no se conocía mucho y María Olga con su grupo logró llenar ese vacío; además, incursionaron en el circuito de la música folk de la ciudad. “La gente que está fuera del país padece mucha nostalgia; entonces, estas músicas les remueven todas las memorias y todos sus afectos”, cuenta Guillermo Gaviria.

Tanto fue el éxito suscitado por sus presentaciones que el “The World Music Institute, una agrupación dedicada a la difusión del folclor de los diferentes grupos étnicos, puso en el mercado un casete con sus canciones” (revista Carrusel, 8 septiembre de 1989) que fue producto de una serie de conciertos llamado Voice of the Americas, que se llevo a cabo entre 1986 y 1988. El casete recopilaba versiones en vivo de estos conciertos.

Mientras todo esto pasaba, María Olga conoció a Pepe Santana, guitarrista ecuatoriano, con quién trabajó cantando en los consulados de Bolivia, Chile, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. El repertorio lo aportaba en gran medida Pepe Santana, con algunos aportes de María Olga sobretodo en la música de Colombia y Argentina, así que se volvió costumbre verla cantando en las fiestas nacionales de cada país.

María Olga sorprendía a propios y extraños con su voz. “Qué bella voz. Qué manera tan agradable de explicar lo que es el llano” decía el cónsul venezolano a la revista Positiva de Cali. María Olga se convirtió en la voz de Latinoamérica. Con su voz, María Olga empezaba a abrir puertas para futuros  cantantes colombianos en el exterior.

De cómo María Olga se sostuvo económicamente en Nueva York.
Cuando María Olga se fue a Nueva York la primera persona de la cual recibió el apoyo económico que necesitaba fue de su abuela, Pepita Perdomo de Lara. No muy contenta de hacerlo ─ pues ella no quería que fuera cantante─, Pepita Perdomo de Lara ayudó a María Olga y la sostuvo económicamente los primeros años. Antonio Piñeros Corpas y sus hermanos también le ayudaron. “Tengo que agradecerle a los esposos de mis hermanos y las esposas de mis hermanos, porque fueron muy generosos sosteniendo a la niña de la casa […] pero eso es muy costoso. Yo fui a estudiar a una escuela muy costosa que era Julliard y luego Mannes que son escuelas privadas”, dice María Olga.

María Olga vivía en un barrio de inmigrantes de la India en Queens. Su cabello largo y sus peinados con trenzas la hacían pasar desapercibida entre los habitantes del barrio. “La gente creía que era india, pero yo era india de otro lado”, dice María Olga sonriendo.

La suerte siempre estuvo con ella. Cierto día un conductor de tren le habló en hindi; la confundió con una  de las habitantes del barrio. María Olga le explicó que era latina y él le dijo que si se lo podía probarlo el pasaje era gratis, entonces ella sacó su pasaporte y ese día viajó gratis.

Trabajó en muchos oficios: dictaba clases de español en institutos o colegios estatales, “diseñaba proyectos para el Museo de Historia Natural o dictaba seminarios ilustrados musicalmente” (revista Aló, 1994). Pero sobretodo trabajó mucho cantando.

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Después de cantar el repertorio clásico, María Olga le pide a Clive Lythgoe que la deje cantar una canción latinoamerica. Los asistentes, hispanoamericanos, habitantes de barrios marginales que nunca imaginaron tener un concierto con interpretes de muy buena calidad, ven como María Olga empieza a cantar Bésame mucho y en sus memorias, todos esos recuerdos de sus patrias lejanas afloraran.

Horizon concerts, era ─y sigue siendo─ una organización que lleva música a barrios de gente, que por dificultades económicas, no tiene acceso a grandes espectáculos. María Olga, había llegado a esta organización gracias a su trabajo en The Mannes Camerata un grupo que dirigía Paul Echols, profesor de The Mannes College Institute.

─A él (Paul Echols) ─cuenta María Olga─,  le interesaba que yo era cuatrista y que tocaba percusión bien. Todas esas cosas que yo pensaba que no eran importantes fueron las que él vio en mi para cuando me acepto. Yo era la única que no era norteamericana y que estaba ahí.

The Mannes Camerata fue la oportunidad para que María Olga figurara en los más importantes escenarios. Esta compañía ponía en escena dramas musicales y operas del medio evo al renacimiento. “Operas full stage, con su respectiva orquesta, vestuario, etc. En fin, en el mejor estilo creativo del maestro Paul Echols, a quien tanto le debo en mi aprendizaje sobre las temáticas de la disciplina y del profesionalismo” (revista La prensa, Nueva York, 20 de mayo de 1994).

Con este grupo trabajó ocho años haciendo dos grandes montajes al año. Fue en uno de estos montajes que conoció a Clive Lythgoe, director de Horizon concerts organitation quien se la llevó a trabajar junto con una flautista, un guitarrista, un violinista, un trompetista y un cantante en su organización.

Empezó así una actividad de conciertos en centros homeless, hogares geriátricos, hogares que alojaban a enfermos de ADIS, niños drogadictos, niños abusados sexualmente. “Yo muchas veces salía vuelta nada […] Después del concierto uno iba y pasaba tiempo con la gente y le cogían a un la mano y le decía: ‘usted se parece a mi hija y hace seis años vino y me dejó aquí y no sé nada de ella’. Yo salía con el alma partida”, recuerda María Olga. Con una intensidad de ocho a diez conciertos al mes, más su trabajo en The Mannes Camerata, María Olga pudo empezar a vivir de su trabajo como cantante. Sin embargo, a finales de los ochenta el Concert of the Arts, que era la entidad que apoya esta organización , le fue retirado el apoyo por una crisis financiera y ahí se vio afectado Horizon Concerts; además, a Paul Echols le detectaron un tumor canceroso en el cerebro. Los conciertos bajaron y así las finanzas de María Olga.

En ese interés de ir al más allá en el mundo del canto lirico, en 1992 María Olga conoce al manager de Placido Domingo. Un tío suyo, hermano de su mamá, fue el contacto que necesitó para conocer, primero al manager y después a Placido Domingo. Fue así como pudo presentar una audición para él. “Él (Placido Domingo) me dijo: ‘vamos a abrir un espectáculo en Madrid y yo quiero que usted se vaya cantar allá”, cuenta María Olga.

Siendo la única latina dentro de una compañía española llamada Compañía de Teatro Nuevo Apolo, María Olga se fue a Madrid (España) a cantar operetas: La viuda Alegre y El Príncipe de Madrid, en  un espectáculo llamado: Madrid, Madrid.

Luego de un año el espectáculo se acabó y María Olga recibió la oferta de seguir su trabajo con Placido Domingo. “Luego de eso él (Placido Domingo) me dijo: ‘el siguiente pasó es pasar a la compañía de Zarzuela’, y yo le dije: ‘maestro, yo no estoy feliz; fue una experiencia muy linda pero esto no es lo que quiero hacer. Yo quiero hacer música popular’”, recuerda María Olga. “Tenía que escoger entre la música clásica y la popular. Me quedé con la música popular. Decidí que me dedicaría a este tipo de música” (revista Positiva, Cali 1994).


María Olga regresa a Colombia.
Guillermo Gaviria deja Nueva York en 1985 cuando la carrera de María Olga estaba en su mejor momento y llega a una Bogotá donde los centros de formación musical más importantes eran el Conservatorio de la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica Nacional, que ofrecían una oferta de formación en modelos traídos en los años 20 por personas como Guillermo Uribe Holguín. 

─Hasta ese momento ─cuenta Guillermo─,  la gente iba a Europa, mucha gente se formó en París, por ejemplo: Guillermo Uribe Holgín, Antonio María Valencia, Luis Carlos Figueroa, muchos colombianos. Cuando digo muchos, tampoco son tantos, pero algunos, dígamos, y se formaron en el conservatorio.

Las ideas traídas de Europa no se renovaron y como consecuencia la educación musical era deficiente para aspirar a otros espacios, otros países, otras oportunidades. María Olga y Guillermo lo experimentaron cuando se presentaron sus exámenes en Julliard.

Guillermo traía consigo ideas que buscaba implementar en su país. “Siempre pensé en tener unos estudios que fueran comparables internacionalmente”, dice Guillermo. Y fue así como se vinculó a la Universidad Javeriana en un proyecto de una facultad de artes.

Empezó solo y durante tres años definió un programa de formación musical que dio inició a la actual Facultad de Artes de la Universidad Javeriana. Cuando tuvo 80 estudiantes se dio cuenta que no podría solo y empezó a buscar personas en su idea de formalizar una educación diferente. “Entonces así apareció Alejandro Zuleta, Carlos Posada, Helena Barreto, entre otros”.

Guillermo viajaba regularmente a Nueva York y no perdía oportunidad para proponerle a María Olga regresar al país y asumir la catedra de canto lirico. “Deja esto, qué haces aquí trabajando para estos gringos”, le decía Guillermo a manera de burla. “Allá en Colombia te necesitamos”. Pero fue sólo hasta 1995 cuando María Olga toma la decisión de volver.

En 1995 María Olga regresa a Colombia, años atrás había dictado algunos talleres pero ahora era definitivo. Guillermo Gaviria le encargó la catedra de canto lirico y dos años después Leonardo Garzón, director del naciente programa de música de Academia de Artes de Bogotá (ASAB), la invitó a trabajar con él en el diseño de una catedra de canto popular. Así que diseñó los programas y fue la única profesora de canto durante 5 años.

María Olga como profesora de canto.
La enseñanza ha estado muy presente en la vida de María Olga. Muchos de sus familiares son docentes, así que cuando se enfrentó al reto de diseñar y desarrollar dos programas de canto lo hizo con alegría.

─Ella tiene un amor grandísimo por la enseñanza─ asegura Carolina Muñoz, alumna de María Olga en la Javeriana ─y eso se le nota cuando uno es su alumno. Todo lo que aprendí lo aprendí desde el gran cariño que tiene ella por su trabajo y por sus alumnos.

Sus métodos y sus estrategias pedagógicas refrescaron la enseñanza vocal en Bogotá. Sus alumnos, como Carolina Muñoz, empezaron a figurar en los escenarios de la música andina colombiana. Las herramientas suministradas por ella en sus clases servían para formar cantantes versátiles que podían pasar de lo popular a lo clásico, y viceversa, sin mayores dificultades.

Es importante “el respeto de ella por un género o el otro”, dice Carolina Muñoz. Ella “nunca te va pedir que cantes un bambuco como si fuera un aria o no te pedir que cantes un lied como un pasillo. Es la versatilidad, es la paleta que ella te muestra, sabiendo diferenciar muy bien una cosa de la otra […] Hay mucha gente que se dedica a una sola cosa y cuando tiene que pasar a otra no puede”.

María Olga a la par que formaba cantantes  también conformaba equipos de trabajo que en este momento sostienen las catedras en las dos universidades. Su trabajo fue reconocido en el 2000 cuando fue nombrada docente destacada en la Universidad Javeriana. El compromiso con que asumía su labor docente le ocupaba la mayoría del tiempo y la fue alejando de los escenarios.

“Yo cantaba mucho en Nueva York y aquí empecé cantando mucho y cada vez menos por estar enseñando y empecé a cansarme”, cuenta María Olga. Y es que cuando María Olga llegó a Colombia tuvo la oportunidad de cantar en muchos escenarios. En 1995 participó en el Concurso Nacional del Bambuco donde obtuvo el segundo puesto. En esa ocasión, su voz sorprendió a los asistentes.

Recuerdo el impacto que produjo la participación María Olga por el manejo del fraseo y por su impecable técnica vocal ─cuenta Carlos Augusto Guzmán, guitarrista acompañante de María Olga en el concurso─; creo que ella no tenía tanta experiencia con el repertorio andino colombiano porque había estado dedicada a lo lírico y a la música sudamericana en general, pero logró versiones realmente memorables de las obras que presentó al concurso. En la ronda final cantó el bambuco Allá en la montaña, de Efraín Orozco y la respuesta del público fue impresionante.

Luego de esta experiencia María Olga tuvo la oportunidad de trabajar con el Cuarteto de Fernando León Rengifo, el Trío Ancestro, Nogal Orquesta de Cuerdas, Germán Darío, entre otros. Pero cada vez era menos el tiempo que le dedicaba a cantar hasta que después de 11 años de trabajo en la ASAB, se retiró. “Yo puedo enseñar cuando tenga 70 años, pero cantar, no. Entonces empecé a retirarme”, dice María Olga. A partir de ese momento se dedicó a varios proyectos dentro de los cuales se destacan su grupo Secreto a Voces y su carrera como cantautora.

Secreto a Voces.
Era agosto de 2009 y era la primera vez que veía a Secreto a Voces en escena. Una lluvia tenue caía sobre la plaza principal del municipio de Sevilla (Valle) donde se cumplía una versión más del Festival Bandola. Las pocas personas que estábamos en la plaza, bajo la lluvia, veíamos con una sonrisa en la cara la propuesta escénica del grupo. Nunca antes había visto a un grupo que integrara el humor con la música andina colombiana sin caer en el ridículo; además el manejo de las tres voces era estupendo. Hablaban de Vibrato di cuarta, un personaje que habían creado para burlarse del uso del vibrato por parte de los cantantes de la música andina colombiana. Comprobé, que en el tiempo en que duró su presentación, había estado “hipnotizado”. Dos años y algunos meses después me encontraba en el apartamento de María Olga con la oportunidad de preguntarle sobre su grupo. Ella sonríe y empieza a hablar del origen del grupo.

Secreto a Voces nació de clases que dictaba María Olga a sus alumnas en su apartamento. Curiosamente, dice María Olga, mis mejores amigas han sido mis alumnas de canto […] Entonces, cuando yo tenía que prepararlas para sus conciertos de grado, llegaba un punto en que uno estaba cansado, entonces nos poníamos a cantar otras cosas y nos moríamos de la risa.

─Yo me acuerdo mucho─ cuenta Carolina Muñoz─ que estábamos en un concierto en donde tocaba… Puerto Candelaria, y ellos hicieron algo muy simpático y ese día nosotras dijimos: tan chévere  que es el humor (en la música). Y esa (idea) se volvió Secreto a Voces.

Pero no era sólo el humor lo que gustaba tanto dentro del público. Secreto a Voces se propuso rescatar repertorio de mujeres a la vez que creaban uno nuevo alrededor de la mujer. Además, vincularon a su propuesta un desarrollo en escena único: pensando en escenografías, vestuario e improvisación, aspectos poco comunes en la música andina colombiana.

Con Secreto a Voces María Olga fortaleció su trabajo compositivo tanto que ahora todos los temas son de su autoría. 



Desde lo alto de los cielos.
A través de la ventana del avión Satena con rumba a Vichada, María Olga intenta “engancharse” con la vida. Las primeras lágrimas aparecen en sus ojos mientras abajo las montañas van dando paso a la inmensidad del llano, luego la selva tupida, las nubes y las frases del bambuco que empezaban a despejar esos cinco meses de tristeza ante la ausencia de su amigo, su cómplice… su padre.

Antonio Piñeros Corpas murió en noviembre de 2009, esta perdida sumió a María Olga en una profunda tristeza. Años atrás, María Olga había empezado un proceso compositivo bastante fecundo. Antonio Piñeros Corpas siempre fue un apoyo importante: cada vez que ella necesitaba su ayuda con alguna letra, él estaba presto a ayudarla.

María Olga empezó a escribir canciones intentando alejarse del mundo académico, siempre impulsada por su amor a la música popular. “Yo siento que la academia me coarto, me quito un poco las alas. A mi lo que me salvó fue que canté música popular por fuera”, afirma María Olga.  

Cuando María Olga quedó embarazada su sensibilidad se aguzó. “Ser mamá, fue como… que se me abrieron los poros a la vida y a todo”. Andrés Geronimo, su hijo, se volvió la fuente de inspiración para muchas canciones. En un trabajo mancomunado con Mauricio Lozano que era quien hacia la música, María Olga empezó a ponerle letra a lo que sentía.

Al principio no fue fácil. María Olga tenía las herramientas pero le costaba encontrar qué decir. “Me acuerdo que vino una prima (a mi apartamento) y dijo: Eso es fácil, muestre haber que es lo que decir y empezó a mostrarme y eso se abrió como una regadera”.

A la Canción de cuna para Andrés Gerónimo, vinieron otras y otras, cualquier petición de su hijo era la excusa para una canción: que María Olga le decía tominejo a su hijo, entonces él le decía que le hiciera una canción, que tenían una finca que Andrés Gerónimo llamaba La Casita del Humo, y ahí estaba otra canción; Mauricio Lozano en ocasiones tenía que frenar el ímpetu de María Olga porque no alcanzaba a hacer la música.

─Mi papá ─ recuerda María Olga─, poeta, bailarín, músico, estaba feliz de que yo quisiera escribir y me ayudaba mucho; él escribía muy bien. Y luego, cuando él se murió a mi medio muy duro, fue un tiempo en que no me encontraba.

Fue hasta marzo de 2010 y luego de que una amiga suya le propuso retomar su actividad e ir a Vichada a dictar unos talleres en que María Olga volvió a escribir. Desde lo alto de los cielos, el bambuco con que ganaría el concurso de mejor obra inédita en el Festival Mono Núñez de 2010 fue un homenaje a su padre y una manera de hacer catarsis y continuar.

María Olga hoy.
Este recorrido por la vida de María Olga llega a su fin con la seguridad de que el trabajo su  no se detendrá. Las personas que la conocen están de acuerdo en decir que es una trabajadora incansable.

“María Olga es una trabajadora incansable, y una persona que pone todo de sí en cada proyecto, ya sea un disco, una presentación o una clase”, dice Carlos Augusto Guzmán.

“Empecemos por decir que María Olga es una persona que no se queda quieta […] Es una persona que está mejorando, siempre está tratando de ser mejor”, dice Guillermo Gaviria.

“Cada día corroboro más la labor que hace María Olga como maestra de canto. Yo aquí (en Madrid, España)  he tenido la oportunidad de cantar frente a gente muy importante […] Yo me enorgullezco de decir que aprendí allá (en Colombia) y me acuerdo de María Olga y le agradezco infinitamente”, dice Carolina Muñoz.

Con el segundo volumen de su disco de villancicos en el mercado y con muchos proyectos más, María Olga sigue trabajando día a día, no sólo por nuestra música andina colombiana sino por nuestras músicas colombianas. 


Agradecimientos.
Cuando empecé a escribir crónicas de artistas de la música andina colombiana nunca imaginé encontrar tanta cordialidad y disponibilidad para con mi trabajo, por eso no puedo desaprovechar la oportunidad para agradecer a ciertas personas que hicieron posible esta crónica.


A María Olga Piñeros por su disposición, por su amabilidad, por su sencillez. Por estar siempre atenta a mis preguntas. A María Fernanda Piñeros, hermana de María Olga, y que con un trabajo titanico de sentarse a escanear los recortes de prensa, programa de mano y demás, aportó para que este trabajo llegara a feliz termino. A Guillermo Gaviria, por su amabilidad, porque desde el primer momento en que le hablé de este trabajo estuvo presto a ayudarme. A Carlos Augusto Guzmán un excelente músico y excelente persona. A Carolina Muñoz, que desde Madrid  (España), acepto concederme una entrevista vía skype y que emocionada me ayudó a darle forma a la segunda parte de esta crónica.



Enlace
Para más información sobre María Olga dar click aquí.

viernes, 16 de diciembre de 2011

María Olga Piñeros Lara. Detrás de la artista (Primera Parte).

María Olga Piñeros Lara.
Cuando le pregunto por su fecha de nacimiento, María Olga levanta la cabeza y me dice: Yo nunca dio mi fecha de nacimiento… Es para que no me saquen cuentas, por eso no la doy, y sonríe tranquila. Sobre la mesa del comedor de su apartamento duerme uno de sus dos enormes gatos en medio de recortes de prensa, programas de mano y caratulas de discos; María Olga sabe que en todo ese material no está la fecha de su nacimiento; entonces se sienta en una de las sillas y espera a que yo tome nota. La sala de su apartamento es enorme. Al fondo está el sofá donde junto con Carolina Muñoz y Claudia Grenier reían sin parar ensayando los montajes del grupo Secreto a Voces. Yo soy la más payasa, dice María Olga hoy. Frente al sofá hay una biblioteca que ocupa toda la pared, en ella se pueden ver mezcladas, entre libros, las fotos del Ché Guevara, Karl Marx; fotos de Aires de Colombia, su grupo en Nueva York, fotos familiares, y en medio de todo esto está la foto de Antonio Piñeros Corpas, padre de María Olga, “quien a todo le dijo que sí” y la estimuló a estudiar música.

En la sala aparece Andrés Gerónimo Campos, hijo de María Olga y “quien ha sido una  gran inspiración de música y de vida”. María Olga revisa los compromisos académicos de su hijo; cuando Gerónimo se va, María Olga pide a su empleada dos pocillos de té y pide no ser molestada. Mientras tanto, busco infructuosamente entre los recortes de prensa la fecha de su nacimiento, pero no está. Días después busco en el material que me suministró María Fernanda Piñeros, hermana de María Olga, pero tampoco está allí. Podría escribirle un correo a María Fernanda y preguntarle por la fecha, pero prefiero concederle a María Olga ese capricho de permanecer siempre joven, y para no sacar cuentas, diré que María Olga Piñeros Lara nació un 25 de diciembre en la ciudad de Bogotá.

María Olga y sus primeras clases de música.
Cada año, Oliverio Lara hacia un alto en sus actividades como ganadero para celebrar junto a su familia sus cumpleaños en la Hacienda Larandia. El 27 de abril de 1965, Oliverio Lara salió a revisar su hacienda con uno de sus peones. Pepita Perdomo de Lara, su esposa, preparaba la celebración del cumpleaños mientras sus nietos jugaban a su alrededor ─al día siguiente celebrarían los sesenta años de Oliverio─. Pero después de salir de su casa, el tiempo pasaba y Oliverio no aparecía. Pepita lo esperó pero él no llegaba… no llegó.

             ─Mi abuelo fue la segunda persona que secuestraron en el país, y lo mataron ─me dice María Olga─. Fue muy triste ─y mueve su cabeza como para alejar de su mente ese recuerdo.

María Olga era una niña cuando todo esto ocurrió. Fue la menor de los cuatro hijos del matrimonio de  Antonio Piñeros Corpas y Olga Lara Perdomo. “Mis padres se separaron hace mucho tiempo y siempre viví con mi papá, me fascinaba cantar a dúo con él”, decía María Olga cuando Marta Brugés, periodista de la revista Aló, la visitó en Nueva York en el año 1994 y le preguntó por su niñez.

Antonio Piñeros interpretaba con destreza algunos instrumentos: piano, armónica, requinto, cuatro, percusión, tiple…, e inculcó en María Olga el gusto por la música. En su casa se escuchaba desde un concierto de Beethoven hasta una canción popular colombiana. Las tertulias familiares eran la oportunidad para que María Olga, junto con alguno de sus 40 primos hermanos, interpretara las más variadas canciones.

Cuando María Olga cumplió seis años recibió sus primeras clases de música. “Mi papá vio que todos (ella y sus hermanos) teníamos talento y nos puso a clases de diferentes cosas”. Inés Prieto, una vecina que era profesora de piano y canto fue la persona elegida para darle las primeras lecciones. María Olga salía de su casa del barrio La Soledad en la 28 con 38 e iba a pocas casas de la suya, a la casa de Inés Prieto. Allí cantaba temas que tiempo después tuvo la oportunidad de conocer: canciones de Schubert que cantaba en español con facilidad. Luego, se sentaba al piano e interpretaba pequeñas obras. Al terminar la clase tomaba onces y jugaba un rato con los hijos de Inés. “Eran unas clases absolutamente deliciosas”, afirma María Olga.

A María Olga se le veía en cuanta actividad musical programaran en el colegio en donde pudiera mostrar su talento. En el colegio, María Olga escribía canciones, cantaba con el coro que ella había organizado y era la solista en los coros de la misa. “Cantaba de todo, cantaba todas las canciones populares, pero le ponía mi estilo propio, a pesar de que no conocía de solfeo, ni de música” (revista Positiva, Cali, 1994).

Junto con sus hermanos, ingresó al Conservatorio Nacional de Música “cuando ese conservatorio quedaba en una casa en la Merced”. Entró al conservatorio motivada por la insistencia de su tía Lola, que al ver el talento de sus sobrinos, insistía a Antonio para que los inscribiera en los cursos que se dictaban allí. No era muy disciplinada (recuerda): estudiaba un tiempo y se salía, entonces su tía Lola volvía a insistir, volvían los exámenes de ingreso, volvían las clases y volvía la deserción. “Hasta que un día mi tía Lola de tanto entrar y salir dijo: ‘no más, yo no insisto más’”.

El tiempo había pasado y María Olga era una joven de 16 años. Había hecho amigos. El conservatorio había pasado a la Universidad Nacional de Colombia y ella hacia parte del coro de la universidad. Así, que sin la insistencia de su familia, decidió presentar el examen de admisión para estudios básicos que pasó sin problemas.

El ingreso a la universidad le permitió ver un panorama más amplio, interdisciplinar. “Yo cantaba”, pero “como yo lo hacía, eso no era lo que había que estudiar”, recuerda María Olga. Estudió flauta traversa con el maestro Alberto Gaitán, quien le transcribía “pasillos y bambucos viejos con su punto” para que los interpretara en la flauta. Estudió  etnomusicología con Egberto Bermúdez y canto con el maestro Austen Miskel y la maestra Elsa Gutiérrez, quien la nombro como solista del coro y le permitió otra visión de la música. “Elsa Gutiérrez nos enseñó que el ámbito coral crea unas relaciones humanas y espirituales de mucha importancia dentro del grupo”, recuerda María Olga.

María Olga trabajaba en Harrods Café, un sitio que frecuentaba gente “muy exclusiva” y que estaba ubicado en la esquina de la calle 100 con carrera 15. Allí, junto a Luis Fernando, Orlando y Germán Sandoval, más un guitarrista y un bajista, hacía parte de un grupo llamado Fonopsis que llegó a actuar en este sitio gracias a una audición que ganaron. El formato era piano, guitarra, bajo, batería, flauta y voz. Todos los jueves, viernes y sábados, María Olga cantaba con ellos bossa novas y standars de jazz. Una noche, en medio de las tandas, María Olga les pidió a sus compañeros que la dejaran tocar algo con su cuatro. Ella había tomado unas clases de cuatro con Samuel Bedoya y esa noche quería tocar un pajarillo. El éxito fue abrumador. “Me canté un pajarillo, y después toda la noche me pedían un pajarillo y luego, un día  me canté una cumbia, y un bambuco y un porro. Y ya hacíamos tandas mezcladas de todo”, cuenta María Olga.

Paralelo a toda esta actividad que María Olga desarrollaba sin descanso, la Universidad Nacional pasaba por un periodo de cierres que la cansaban. Así que cuando la universidad estaba cerrada, ella aprovechaba para estudiar ballet y danza moderna en la escuela experimental de danza de Priscina Wellton. “Con tanto cierre yo no sabía bien qué quería ser, si sí era el canto o qué; entonces decidí irme a Nueva York”.

María Olga viaja a Nueva York.
María Olga llega a Nueva York en el año de 1981. La Nueva York que iniciaba una nueva década, acogía en sus calles por igual a yuppies (jóvenes, exitosos ejecutivos) que gastaban su dinero en ropa o en la naciente industria electrónica al amparo de la prosperidad, e inmigrantes, entre otras personas, que iban a la ciudad que definía como ninguna la diversidad. Era la época en que se podía ver en las estaciones del metro los grafitis del naciente movimiento artístico East Village.

María Olga hizo parte de “la primera corriente  de músicos colombianos que se formó en los Estados Unidos  y que vino a  aplicar esas metodologías acá (a Colombia años más tarde), criollizadas, por supuesto, acopladas a nuestro medio, pero que eran tendencias desarrolladas en Estados Unidos”, explica hoy Guillermo Gaviria, amigo y compañero de María Olga en su estancia en Nueva York.

─Yo tenía un amigo─ me cuenta María Olga─; él fue el que me metió a mí ese interés,  se llamaba Juan Mario Restrepo y era el hijo de Hilda Pace de Restrepo, quien en ese entonces hacía los programas de la Orquesta Filarmónica para la televisión (colombiana). Ella era una pianista americana graduada de Julliard […] Él fue el que me dijo: Nueva York, váyase para Nueva York.

Luego de tomar la decisión de irse a Nueva York, María Olga se puso en contacto con Guillermo Gaviria, un amigo de su prima Ángela y que tenía planes de irse a estudiar a Nueva York.

─Yo hablé con él y me dijo: sí, yo me voy a ir ─cuenta María Olga─. Yo lo había tenido como (compañero). Lo recuerdo de pelo largo, larguísimo, de jeans apretados, tenis, que estudiaba en la (Universidad) Nacional y que habíamos compartido una que otra clase, pero no éramos amigos.

Por su parte Guillermo recuerda:

─Yo conocí a María Olga en el conservatorio. Estamos hablando del año… 73, tal vez. Hace ya bastantes añitos. La profesora se ve muy joven, pero son bastantes años ─y sonríe.
Este fue el inicio de una amistad que permitió que María Olga regresara a Colombia 15 años después a trabajar en la Universidad Javeriana en el programa de canto lirico en donde Guillermo era profesor.

En Nueva York María Olga se presentó a Julliard School of Music, “con la convicción de que […] no tenía los conocimientos suficientes para pasar el examen de admisión […] La sorpresa fue mayor cuando obtuvo los mejores puntajes en armonía y teoría musical”, (revista Carrusel, 8 de septiembre de 1989). Pero pese a obtener estos resultados, su nivel en materias prácticas como entrenamiento auditivo, sólo le permitió el ingreso a la división de extensión de Julliard. De 1983 a 1985 estudia con disciplina, estudia entrenamiento auditivo y teoría musical. “Ya una vez adentro de la división de extensión empecé a  estudiar  y entré a estudiar dirección coral”, cuenta María Olga.

Tiempo después María Olga se presentó a la división regular y pasó. Para ese entonces “Julliard era una escuela muy dura; había gente muy buena y había gente no muy buena. Pero había una competencia, una cosa tan brutal”, recuerda María Olga.

Es mejor ser cabeza de ratón que cola de león.
Will Crutchfield saca sus cajas llenas de discos y se las entrega a su asistente. Él tiene un fichero donde llevaba el reporte de lo que contienen sus cajas de disco pero desde que en 1983 se convirtió en el crítico musical más joven de The New York Times, su colección había crecido y necesitaba ayuda. Su trabajo como crítico lo alternaba con sus clases de bel canto y ornamentación en Julliard. Ahora, tenía para que le ayudara a esa joven latina, estudiante de Julliard y que se convertió en su asistente personal. Cada vez que sus ocupaciones no le permitían ir a los estrenos de las óperas, le regalaba las entradas a ella. “Cámbiate a Mannes, es un conservatorio más pequeño y en vez de ser cola de león eres cabeza de ratón”, Le había sugerido Will Crutchfield meses atrás, María Olga, su joven asistente, siguió su recomendación y pidió una transferencia a The Mannes College of Music y para tomar dos clases con él se volvió su asistente.

En The Mannes College of Music, María Olga toma clases  de canto con Will Cruthcfield. “Fue una persona que me marcó bárbaramente”, dice María Olga. Ella se convirtió en su asistente personal  y tenía a su cargo organizarle los libros, los discos; además, tenía la oportunidad de leer sus críticas en el The New York Times e ir a lanzamientos de óperas con las entradas que Willian Cruthfield le regalaba y que de otra forma no hubiera podido ver. “Lo que yo aprendí, fue muchísimo”.

“Realmente Echols y en mi profesor de canto, Will Crutchfield, encontré a esos maestros que […] esperaba hallar desde que era una niña”, decía María Olga en una entrevista al diario La Prensa de Nueva York, el 20 de mayo de 1994.

Sin embargo, no se sentía cómoda. “Fue muy curioso porque yo no sabía si quería ser cantante lírica. Imagínate, yo matándome y estudiando eso. Yo salía de la universidad, cerraba la puerta y me dedicaba a cantar música popular”, dice María Olga.

─Simultáneamente con la estadía de María Olga y la mía allá en Nueva York ─cuenta Guillermo Gaviria─, un amigo de entonces: José Hernández, tolimense, aficionado a la música andina; cantante y un buen intérprete de bandola, tiple y guitarra, un tipo muy musical; fue a estudiar a una ciudad cercana a Nueva York. Entonces coincidió todo esto y los fines de semana nos empezamos a juntar a hacer música, a comer, a disfrutar de la amistad y de ahí fue naciendo Aires Colombianos.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Gánate el disco de La Séptima

Caratula del disco de La Séptima.
La Séptima y Colombia Folcrónica quieren regalarte La Séptima, el más reciente trabajo discográfico de esta agrupación bogotana. Hasta el próximo sábado 17 de diciembre a la media noche estará abierto el concurso. ¿Qué debes hacer? Sigue estos pasos y será tuyo: 1.Déjanos tu comentario, no mayor a 100 palabras, explicando por qué quieres tener el disco de La Séptima. El comentario más original, según los integrantes de La Séptima, se gana el disco. Recuerda que sólo participas con dos comentarios como máximo. Al final del comentario déjanos un correo de contacto y tu nombre completo. 2. Sé uno de los amigos de La Séptima en facebook. Da click aquí si no eres amigo aún. 3. El lunes 19 de diciembre daremos el ganador en nuestro blog; además informaremos por nuestras redes sociales: facebook y twitter. Si eres el ganador, tendrás que responder al correo que te enviaremos en un plazo no mayor a 24 horas, si no lo haces, el disco se dará al segundo y así sucesivamente. 


El disco autografiado será entregado por dos representantes de La Séptima y uno de Colombia Folcrónica antes del 24 de diciembre. Si no resides en Bogotá, el disco se enviará hasta tu casa sin costo adicional. Sólo aplica para residentes en Colombia.


La Séptima es una de las agrupaciones más importantes en la actualidad dentro de la música andina colombiana. Con un formato de 3 bandolas, 2 tiples y 2 guitarras han llevado su música a muchos ciudades de Colombia: Bogotá, Medellín, Ibagué, Neiva entre otras. Han sido ganadores de importantes festivales como: Festival Hato Viejo Cotrafa (2008), Festival Anselmo Durán Plazas (2009 y 2011). y Festival del Pasillo Hermanos Hermandéz (2011). Además de ser finalistas en el Festival Mono Núñez en los años 2008, 2009 y 2010.


En la actualidad promocionan su disco La Séptima, que incluye temas como: El tolimense (ir a audio), Jorge Humberto, Huracan, Pa' Chucho que sí, esta última un homenaje al desaparecido compositor Chucho Rey, entre otros. 

Audio.
El tolimense, bambuco de Gentil Montaña en versión de Sebastian Martínez, guitarrista de la agrupación.